| PRINCIPIOS DE LOS TRATAMIENTOS FARMACOLÓGICOS EN EL TRATAMIENTO PROLONGADO DE LA DEPRESIÓN |
| Julio vallejo |
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| Riesgo de recaída y/o recurrencia:
planteamiento del tratamiento de consolidación y mantenimiento |
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El 50% de pacientes que se recuperan de un primer episodio
depresivo presentarán, como mínimo, un nuevo episodio en los dos años siguientes
a la recuperación, especialmente entre los 4 y los 6 meses (NIMH/NIH, 1985;
Prien, 1986; Angst, 1992). Autores como Angst (1973, 1986) señalan que un 70% de
sujetos recuperados de un primer episodio depresivo sufrirán dos o más episodios
posteriores, aunque el segundo puede acontecer muchos años después del primero.
El riesgo de episodios futuros parece incrementarse con el número de episodios
previos (Grof y cols., 1974; Goodwin, 1990). Cuando un sujeto experimenta un
segundo episodio depresivo la posibilidad de que desarrolle un tercer episodio
es del 80-90% (Kupfer, 1991), con un 70-80% de posibilidades de que la
recurrencia se produzca en los 3 años posteriores a la recuperación del episodio
(Thase, 1990). Con el incremento de episodios, los intervalos libres de síntomas
entre episodios se acortan (Zis y Goodwin, 1979) y la calidad de vida decrece
con cada nuevo episodio (Mintz y cols., 1992). Todos estos datos son
suficientemente elocuentes e ilustran la importancia del tratamiento
farmacológico en la medida que éste atenue o impida las recaídas (tratamiento de
consolidación) y/o las recurrencias (tratamiento de mantenimiento o
profiláctico).
Tratamiento de consolidación
Respecto a las recaídas existen suficientes y rigurosas
evidencias experimentales que demuestran que los pacientes que reciben placebo
durante el seguimiento recaen con mucha más frecuencia que los que toman
tratamiento activo (antidepresivo, litio) (Seagar y Bird, 1962; Paykel y cols.,
1975; Mindham y cols., 1973). En efecto, frente a un 50-80% que recaen con
placebo tan sólo lo hacen un 10-30% de los que toman medicación (Mindham y
cols., 1973; Klerman y cols., 1974; Coppen y cols., 1978a; Stein y cols., 1980;
Prien y Kupfer, 1986; Belsher y cols., 1988; Thase, 190).
La duración y la dosis del medicamento, una vez
sobrepasado el período del tratamiento agudo (primeras 6-8 semanas), es todavía
un capítulo incierto. Parece en general aceptado mantener las mismas dosis que
durante la fase aguda (Prien y cols., 1984; Prien y Kupfer, 1986) un tiempo
mínimo de 4-6 meses (NIMH/NIH, 1985; WHO, 1989; Thase, 1990; Kupfer, 1993). Sin
embargo, sobrepasado este período es polémico el tiempo posterior de
tratamiento, ya que algunos clínicos se inclinan por suspender la medicación con
prontitud, mientras que otros la prolongan con las consiguientes ventajas
(garantizar la no recaída) e inconvenientes (posibles efectos adversos) que
tiene cada opción. De cualquier forma, hay cierta evidencia de que ante una
recaída la reinstauración del tratamiento cuando éste ya se ha suspendido es
menos eficaz y rápida en controlar la sintomatología, que el aumento de la dosis
(Prien, 1988).
Tratamiento de mantenimiento
El tratamiento farmacológico de mantenimiento debería
considerarse al final del tratamiento de consolidación, para la mayoría de
pacientes con una historia de episodios depresivos previos. El fin de este
tratamiento es el de prevenir las recurrencias. Este tema tiene gran importancia
teórica y práctica, que en cualquier caso requiere un cierto consenso entre el
clínico y el paciente, que debe aceptar voluntariamente someterse a un
tratamiento prolongado a pesar de encontrarse satisfactoriamente bien y
recuperado de su último episodio. Aunque existen pocos estudios sobre este tema,
la eficacia del tratamiento con antidepresivos o litio en el control de las
recurrencias es significativo y del orden del 30-40% de magnitud en la reducción
del ritmo de recurrencias a los 2-3 años (riesgo de recaída global de 50-80%)
(Thase, 1990). Concretamente, las recurrencias durante el tratamiento de
mantenimiento con antidepresivos son del 50% frente al 80% que se observa en
pacientes tratados con placebo (Thase, 1990). De una forma pormenorizada Peselow
y cols. (1991b) han constatado, con una muestra de 217 depresiones unipolares,
que las medias de las recurrencias con antidepresivos (imipramina,
amitriptilina, desipramina, nortriptilina, doxepina) son del 30, 50 y 70% al
año, dos años y tres años, respectivamente, frente al 51, 75 y 83% de las
recurrencias que se producen en los pacientes que no prosiguen con tratamiento
activo después de los 5-6 meses primeros del tratamiento de la fase
aguda.
Tampoco en los tratamientos prolongados de mantenimiento
hay acuerdo en la dosis eficaz y la duración, como expondremos ampliamente en
los próximos apartados.
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| Tratamientos farmacológicos en
el tratamiento prolongado de la depresión |
|
1 Tipos de fármacos
1.1. Antidepresivos
a. Tipo de antidepresivo
El litio es el fármaco indiscutible en la profilaxis de
los trastornos bipolares. En las depresiones unipolares recurrentes se polemiza
sobre la superioridad del litio o de los antidepresivos.
Kasper (1993) recoge los estudios controlados empleados
para el tratamiento prolongado de la depresión: tricíclicos, IMAO, litio y
nuevas generaciones de antidepresivos. En la mayoría de éstos los antidepresivos
son más efectivos que el placebo en la profilaxis de nuevos episodios (ver
Tabla 1 y Tabla 2).
| Eficacia del tratamiento de mantenimiento en la depresión: |
| COMPARACIÓN DE ANTIDEPRESIVOS HETEROCÍCLICOS VS PLACEBO |
|
Tipo de abtidepresivo |
Nº de pacientes |
Duración del estudio (meses) |
- Prien y cols. (1973a)
- Prien y cols. (1984)
- Frank y cols. (1990)
- Kupfer y cols. (1992)
- Kane y cols. (1982)
|
- Imipramina (*)
- Imipramina (*)
- Imipramina (*)
- Imipramina (*)
- Imipramina (*)
|
- 78
- 150
- 128
- 20
- 27
|
- 24
- 24
- 38
- 60
- 11
|
- Klerman y cols. (1974)
- Paykel y cols. (1975)
- Coppen y cols. (1978b)
- Glen y cols. (1984)
|
- Amitriptilina (*)
- Amitriptilina (*)
- Amitriptilina (*)
- Amitriptilina (*)
|
- 150
- 150
- 32
- 136
|
- 8
- 8
- 12
- 36
|
- Jacovy y cols. (1993)
- Kishimoto y cols. (1994)
- Rouillon y cols. (1989)
|
- Doxepina (*)
- Mianserina (*)
- Maprotilina
|
- 69
- 22
- 1.141
|
- 24
- 18
- 12
|
| (*) Fármaco activo superior a placebo. |
Tabla 1
| Eficacia del tratamiento de mantenimiento en la depresión: |
| COMPARACIÓN DE ANTIDEPRESIVOS NO HETEROCÍCLICOS VS PLACEBO |
|
Tipo de abtidepresivo |
Nº de pacientes |
Duración del estudio (meses) |
| Lendresse y cols. (1985) |
Nomifensina (*) |
303 |
12 |
- Georgotas y cols. (1989)
- Robinson y cols. (1991)
|
- Fenelcina (*)
-
- Fenelcina (*)
|
- 51
- 37
|
- 12
-
- 24
|
- Montgomery y cols. (1988)
- Eric y cols. (1991)
- Montgomery y Dumbar (1993a)
- Doogan y Caillard (1992)
- Montgomery y cols. (1993b)
- Bjork y cols. (1983)
|
- Fluoxetina (*)
- Paroxetina (*)
- Paroxetina (*)
- Sertralina (*)
- Citalopram (*)
- Zimelidina (*)
|
- 220
- 135
- 135
- 135
- 147
- 40
|
- 12
- 12
- 12
- 12
- 8
- 18
|
| Anton y cols. (1994) |
Nefazodona (*) |
66 |
12 |
| (*) Fármaco activo superior a placebo. |
Tabla 2
Antidepresivos heterocíclicos
Aunque tanto el litio como los antidepresivos
hoterocíclicos han mostrado un efecto protector dos o tres veces superior al
placebo en 18 a 36 meses de tratamiento de mantenimiento (Davis, 1976; Kane y
cols., 1982; Björk y cols., 1983; Prien, 1987; Thase, 1990), algunos trabajos
indican que los antidepresivos, especialmente la imipramina, podrían ser más
resolutivos en la prevención de episodios depresivos severos (Prien y cols.,
1984). Existen escasos estudios controlados que aclaren si otros antidepresivos
heterocíclicos, además de la imipramina y amitriptilina, podrían ser eficaces en
la prevención de depresiones recurrentes y que comparen eficacias entre
antidepresivos.
Los antidepresivos llamados de segunda generación como la
maprotilina (Coppen, 1976; Rouillon, 1991) y la amoxapina (Mason, 1990) no
presentan ventajas ni en efectividad ni en menor presencia de efectos
indeseables, en el tratamiento prolongado de la depresión.
Inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO)
Hay pocos estudios en la actualidad que avalen la eficacia
profiláctica de los IMAO como profilácticos de nuevos episodios. Gerorgotas y
cols. (1989) encontraron que la fenelcina, y no la nortriptilina, era efectiva
en la prevención de episodios recurrentes en depresiones tardías. Hay dos
estudios abiertos recientes: uno sugiere una efectividad profiláctica de los
IMAO comparable a la de los antidepresivos tricíclicos (Thase, 1990) y otro con
moclobemide, un IMAO tipo A reversible, que mostró un índice de recaídas bajo
(25%) en un año de seguimiento, con escasos indeseables (Moll, 1992; Moll,
1994).
Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina
En relación a los inhibidores de la recaptación de
serotonina (IRS) en el tratamiento de mantenimiento de la depresión, estudios
controlados soportan la efectividad y gran tolerancia de la fluoxetina
(Montgomery, 1988; Mason, 1990), sertralina (Doogan, 1991; 1992) citalopram
(Montgomery y cols., 1993b) y paroxetina (Eric, 1991; Montgomery,
1993a).
Los estudios que comparan los diferentes IRS con los
tricíclicos clásicos son escasos. Parecen encontrar una efectividad profiláctica
similar con una mayor tolerancia (Guelfi y cols., 1987; Glaghorn, 1993). De
todas formas, en todos estos estudios la duración del tiempo de mantenimiento es
de un año. Se necesitan más estudios comparativos, con fármacos de probado
efecto profiláctico como la imipramina, y de más amplia duración para verificar
la efectividad de estos fármacos en el tratamiento prolongado de la depresión
con fines profilácticos.
Otros antidepresivos
Hay otros antidepresivos, efectivos en el tratamiento
agudo del episodio depresivo, cuya efectividad profiláctica sólo está recogida
en estudios abiertos, por lo que es muy prematuro extraer ningún tipo de
conclusiones. Entre estos antidepresivos, podemos citar la trazodona (Fabre,
1983), el bupropion (Gardner, 1983) y el tianeptino (Loo y cols.,
1992).
Para terminar este apartado y de forma general
remarcaremos cuatro aspectos: 1) La ausencia de predictores consistentes que
puedan orientar en la elección de un tipo u otro de antidepresivo en el
tratamiento prolongado de la depresión. Se recomienda elegir el mismo
antidepresivo con el que se ha realizado el tratamiento de inicio y de
consolidación. Sólo en algunos casos la presencia de algún tipo de alteración
médica, la aparición de efectos secundarios o la posibilidad de interacciones
medicamentosas graves, pueden influir decisivamente en la elección de un fármaco
para el tratamiento de mantenimiento y aconsejar escoger un antidepresivo con
menor potencialidad de efectos indeseables. 2) La necesidad de comparar la
eficacia en el tratamiento de mantenimiento entre los diferentes antidepresivos.
En la literatura no hay estudios comparativos de esta eficacia, con excepción de
algún trabajo con muestras pequeñas (Tabla 3). Comparación especialmente importante en el caso de
los nuevos antidepresivos (IRS, venlafaxina) que aportan un espectro menor de
efectos indeseables. Si al contrastarse con otros fármacos como los tricíclicos,
con más larga experiencia profiláctica, demuestran resultados comparables,
pueden llegar a ser una buena alternativa en la profilaxis de las depresiones
unipolares. 3) La importancia de comprobar la diferente efectividad profiláctica
de los antidepresivos según el tipo o subcategoría diagnóstica, que puede
incluirse en el concepto evolutivo de depresión unipolar. 4) La ausencia de
estudios fiables que demuestren la efectividad de combinaciones farmacológicas
en el tratamiento profiláctico de la depresión unipolar.
| Eficacia del tratamiento de mantenimiento en la depresión: |
| COMPARACIÓN ENTRE ANTIDEPRESIVOS |
|
Tipo de abtidepresivo |
Nº de pacientes |
Duración del estudio (meses) |
| Georgotas y cols. (1989) |
- Fenelcina >*
- Nortriptilina
|
51 |
12 |
| Fabre y Feighner (1983) |
- Trazodona >
- Imipramina
|
44 |
12 |
| Guelfi y cols. (1987) |
- Fluvoxamina >
- Imipramina
|
39 |
11 |
| Glaghorn y cols. (1993) |
- Paroxetina =
- Imipramina
|
219 |
12 |
| Shrivastava y cols. (1994) |
- Venlafaxina =
- Imipramina
|
290 |
12 |
- * > mayor efectividad.
- = igual efectividad.
|
Tabla 3
b. Las dosis de mantenimiento
Aunque las dosis terapéuticas de litio están
objetivamente situadas alrededor de 0,6-1,2 mEq/l, en el caso de los
antidepresivos la cuestión es más polémica. Algunos clínicos se inclinan por
reducir la dosis respecto a los períodos de ataque para situarla en 1/2 o 2/3 de
la posología inicial (75-150 mg/día de imipramina) (Prien, 1987; Thase, 1990).
Sin embargo, esta posición, por otra parte común en la práctica, no se haya
respaldado por la evidencia experimental (Frank y cols., 1989).
Peselow y cols. (1991a) encuentran que los pacientes con
recurrencia se tomaban dosis de mantenimiento menores que los que se mantenían
sin recurrencia. Ronillon y cols. (1991) comparando pacientes con dosis bajas
(75 mg/día) y muy bajas (37,5 mg/día) de maproptilina de mantenimiento,
encontraron un aumento significativo en el número de recurrencias entre los
pacientes tratados con dosis muy bajas. El grupo de Pittsburgh encuentra una
tasa menor de recurrencias al comparar sus propios estudios con dosis de
mantenimiento más altas (Kupfer, 1991; Frank, 1993) y estudios previos en los
que las dosis eran menores (Prien y Kupfer, 1984). Incluso hay autores (Fava y
cols., 1995) que se plantean la posibilidad de una mayor efectividad
profiláctica de los IRS, con dosis superiores a las recomendadas en los primeros
trabajos. Por estas razones hay que considerar seriamente la posibilidad de
administrar, en el tratamiento de mantenimiento, también dosis elevadas de
antidepresivos (200-300 mg/día de imipramina o equivalente), similares a las
empleadas en el tratamiento agudo (Frank, 1993), especialmente en pacientes
vulnerables con altos índices de recaídas (Frank y cols., 1992; Kupfer y cols.,
1989).
c. Cumplimentación y efectos indeseables en el
tratamiento prolongado
El 25-50% de los pacientes sometidos a un tratamiento de
mantenimiento prolongado no cumplen la estrategia terapéutica marcada por el
psiquiatra (Altamura, 1991). Entre las causas están los efectos indeseables,
pero son también muy importantes otros factores como los personales (por
ejemplo, la necesidad de encontrarse curados) e interpersonales (la influencia
de la familia, los medios de comunicación...) (Altamura, 1993). En un apartado
posterior haremos referencia a cómo se puede mantener y garantizar la adhesión
al tratamiento. Aunque son muy pocos los pacientes (menos del 10%) que
recibiendo dosis elevadas de antidepresivos llegan a abandonar la medicación por
efectos secundarios (generalmente aumento de peso y disfunciones sexuales
-ausencia de orgasmo y retardo en la eyaculación-) en tratamientos prolongados
(Thase, 1990; Frank y cols., 1992a, 1992b), los efectos indeseables de los
tricíclicos clásicos, IMAO y carbonato de litio son una razón para el uso de
estrategias con dosis de mantenimiento más bajas (NIMH/NIH, 1985; WHO, 1989),
aunque según parece sin la misma eficacia profiláctica que dosis
superiores.
En los tricíclicos clásicos la presencia de los efectos
ya mencionados, junto con frecuentes caries y constipación severa complican el
tratamiento prolongado y facilitan la falta de cumplimiento y la autorreducción
de dosis por parte de los pacientes (Prien, 1987; Tollefson, 1991,
1993).
Problemas similares se recogen en el tratamiento a largo
plazo con IMAO en el que al aumento de peso y disfunciones sexuales se suman,
entre otros, edema e insomnio (Prien, 1987; Tollefson, 1991, 1993).
Robinson (1991) sugiere que la dificultad en un
tratamiento a largo plazo, secundaria a los efectos indeseables, es mayor en el
tratamiento con IMAO que con tricíclicos.
La menor incidencia de efectos indeseables entre los IRS
los convierten en fármacos importantes para tener en cuenta en tratamientos
prolongados, siempre y cuando se demuestre feacientemente su efectividad en el
tratamiento profiláctico de la depresión y su superioridad a los tricíclicos
convencionales.
Una forma de supervisar la buena cumplimentación del
tratamiento a largo plazo es monitorizando de forma periódica los niveles
plasmáticos de antidepresivos, como muchos autores llevan a cabo en sus estudios
(Frank y cols., 1992b; Kupfer y cols., 1992).
d. La duración del tratamiento
La duración de un tratamiento de mantenimiento es una
cuestión no determinada y polémica. Si bien no hay ninguna evidencia de que la
terapéutica profiláctica cure la depresión recurrente, se describen remisiones
permanentes en pacientes tras períodos prolongados de tratamiento, aunque otros
estudios revelan, por el contrario, una alta incidencia de recurrencias al
abandonar la medicación (Prien, 1988). El metaanálisis de Belsher y Costello
(1988) sugiere que el riego anual de subsiguientes episodios depresivos tiende a
ser menor tras dos años de recuperación total. Por el contrario, el grupo de
Pittsburgh (Kupfer, 1992) encuentran que incluso después de tres años de
recuperación total se mantiene un riego significativamente alto al retirar la
medicación de mantenimiento. Por todas estas razones algunos clínicos, entre los
que se encuentran el grupo Pittsburgh, se inclinan por mantener el tratamiento
durante un período muy prolongado (4-5 años), o ininterrumpidamente, antes de
proceder a su suspensión. De mutuo acuerdo con el paciente se puede valorar la
disminución e incluso la suspensión del tratamiento, siempre de forma cuidadosa
y progresiva, atendiendo a la posible emergencia de pequeños síntomas,
especialmente en paciente con historia de episodios severos, intentos de
autolisis y escaso control y soporte familiar.
1.2. Eutimizantes
a. Litio
En los metaanálisis de Davis (1976), Souza y Goodwing (1991)
se ha documentado que el litio es claramente eficaz en la prevención de recaídas
y recurrencias. Hay diversos estudios que apoyan la eficacia profiláctica del
litio en las depresiones unipolares Tabla 4).
| Eficacia del tratamiento de mantenimiento en la depresión: |
| LITIO VS PLACEBO |
|
N.° de pacientes |
Duración delestudio (meses) |
- Baastrup y cols. (1970)*
- Person (1972)*
- Cundall y cols. (1972)*
- Prien y cols. (1973a)*
- Fieve y cols. (1976)*
- Kane y cols. (1982)*
- Prien y cols. (1984)*
|
- 34
- 42
- 8
- 24
- 28
- 27
- 150
|
- 5
- 24
- 12
- 78
- 48
- 11
- 24
|
| Coppen y cols. (1971) |
26 |
24 |
| (*) Fármaco activo superior a placebo. |
Tabla 4
Según algunos estudios el litio ha resultado ser más
(Coppen y cols., 1976; Coppen y cols., 1978a; Kane y cols., 1982), igual (Prien
y cols., 1973a; Glen y cols., 1984) o menos (Prien y cols., 1984) efectivo que
los antidepresivos Tabla 5).
| Eficacia del tratamiento de mantenimiento en la depresión: |
| COMPARACIÓN ENTRE ANTIDEPRESIVOS |
|
Antidepresivos Comparados |
N.° de pacientes |
Duración del estudio (meses) |
- Coppen y cols. (1976)*
- Coppen y cols. (1978a)*
- Kane y cols. (1982)*
|
- Maprotilina
- Mianserina
- Imipramina
|
- 39
- 41
- 27
|
- 12
- 18
- 11
|
- Prien y cols. (1973a)**
- Glen y cols. (1984)**
|
- Imipramina
- Amitriptilina
|
- 78
- 136
|
- 24
- 36
|
| Prien y cols. (1984) |
Imipramina |
150 |
24 |
- (*) Carbonato de litio más efectivo que antidepresivo.
- (**) Carbonato de litio menos efectivos que antidepresivo.
|
Tabla 5
Ambos tipos de fármacos parecen tener efecto
profiláctico. Por ello, algunos autores han pensado en la posibilidad de un
sinergismo farmacológico (De Montigny, 1987) y ha propuesto la combinación de
litio con un heterocíclico como una estrategia para mejorar la profilaxis de
futuros episodios depresivos (Prien, 1987). En contraposición, Prien y Kupfer
(1984), en un estudio controlado multicéntrico, encuentran que el carbonato de
litio fue más efectivo que el placebo, pero menos eficaz que la imipramina en el
tratamiento de mantenimiento, estuviera ésta asimismo sólo o combinada con
litio. Un reanálisis reciente (Greenhouse y cols., 1991) apunta claramente al
riesgo de recidiva tardía o de recurrencia precoz como resultado de la
interrupción brusca de un tratamiento. Según este análisis hay un incremento
dramático del riesgo de recurrencia precoz asociada a la retirada brusca de
imipramina. Esto sugiere que la conclusión de Prien y cols. (1984) de que la
imipramina y el tratamiento combinado fueron más eficaces que el litio y el
placebo para prevenir la recurrencia de la depresión en pacientes unipolares
puede ser incorrecta; aquellos pacientes asignados al grupo de litio o placebo
que experimentaron una "recurrencia" dentro de los primeros ocho meses de
terapia de mantenimiento pueden experimentar una reacción de abstinencia
farmacológica que da lugar a una sintomatología que mimetiza un episodio
depresivo o que precipita un episodio de depresión.
Johnstone y cols. (1990) constatan que la combinación de
litio y amitriptilina no era más efectiva que la amitriptilina sola, en la
prevención de recurrencia de pacientes depresivos unipolares (Tabla 6).
| Eficacia del tratamiento de mantenimiento en la depresión: |
| TRATAMIENTO COMBINADO CON LITIO |
|
Tipo de combinación |
Nº de pacientes |
Duración del estudio (meses) |
| Prien y cols. (1984) |
- Litio + Imipramina
- >* Placebo
- > Litio
- < Imipramina
|
150 |
24 |
| Glen y cols. (1984) |
- Litio + Imipramina
- > Placebo
- = Litio
- = Imipramina
|
136 |
36 |
| Johnstone y cols. (1990) |
- Litio + Imipramina
- = Amitriptilina
|
27 |
36 |
| > Más efectivo; < menos efectivo; = igual de efectivo. |
Tabla 6
El uso rutinario de sales de litio de forma exclusiva o
en combinación con antidepresivos no parece del todo justificada en el
tratamiento de mantenimiento de depresiones unipolares.
Sin embargo, un 10-15% de pacientes con un diagnóstico de
depresión unipolar desarrollarán posteriormente un episodio maníaco. En estos
casos u otros sospechosos de seguir un curso bipolar (Angst y cols., 1973; Zis y
cols., 1979; NIMH/NIH, 1985), así como en aquellos que la prevención con
antidepresivos es ineficaz se puede plantear la profilaxis con litio (Thase y
cols., 1989).
Coppen y cols., 1994, encuentran una disminución
claramente significativa de la tasa de suicidio (media de 1,3 suicidios por
1.000 pacientes y año) entre los pacientes que mantienen una profilaxis con
litio, con independencia del uso o no de otro fármaco concomitante, y los que no
son tratados con litio (media de 7,3 suicidios por 1.000 pacientes y
año).
Aumento de peso, acné, diarrea, poliuria, temblor,
hipotiroidismo y fibrosis intersticial renal (Schou, 1988), son complicaciones
en el tratamiento prolongado con carbonato de litio (Prien, 1987). Las tasas de
no cumplimiento de la medicación, por parecidas razones a las dichas con los
antidepresivos, Goodwin y Jamison (1990) las cifran entre 18-53%.
b. Carbamazepina
Ha sido muy poco estudiado el uso de la carbazepina en la
profilaxis de las depresiones unipolares. Sin embargo, existen autores que
defienden su eficacia (Ballenger y Post, 1978; Demisch y cols., 1989; Small,
1990).
Stuppaeck (1994) presenta un estudio abierto de 5 años de
seguimiento en 15 pacientes melancólicos, en el que concluye que la
carbamazepina es eficaz en la profilaxis de nuevos episodios y sugiere la
realización de estudios controlados con este fármaco
1.3. Neurolépticos
Utilizados en algunos casos en combinación con
antidepresivos en el tratamiento de mantenimiento de depresiones psicóticas.
Aunque hay ejemplos claros de recurrencia cuando se retiran los neurolépticos en
un régimen combinado (Robinson, 1985) muchos autores prefieren retirar los
neurolépticos lo antes posible por el riesgo de discinesias tardías. Puede
recomendarse que la combinación antidepresivo/antipsicótico se continúe unos 6
meses, usando la mínima dosis posible de antipsicótico para mantener una
remisión sustancial. Una vez se han cumplido los criterios de recuperación el
antipsicótico puede ser retirado de forma lenta y progresiva a menos que existan
antecedentes de recurrencias previas con medicación exclusivamente
antidepresiva. Tras la retirada del antipsicótico, puede ser necesario
incrementar las dosis de antidepresivo por los cambios en el metabolismo
(Spiker, 1985). Los pacientes que se mantienen asintomáticos tras la retirada de
los antipsicóticos deben mantener el tratamiento antidepresivo con las mismas
recomendaciones que en las depresiones no psicóticas. En los pacientes que
reaparecen o empeoran los síntomas tras la retirada de los neurolépticos deben
reestablecerse otro período de tratamiento combinado. El uso de antipsicóticos
nuevos, como la clozapina, debe valorarse, particularmente si aparecen signos de
discinesias tardías (McElroy, 1991).
1.4. Fototerapia
Se ha de ser muy prudente para poder dar un patrón
estacional de recurrencia. Si existe un patrón de recurrencia invernal el
tratamiento profiláctico puede realizarse con farmacoterapia convencional
(Thase, 1989), aunque si existe alguna contraindicación para ésta o no es
suficiente puede ensayarse la fototerapia (Rosenthal, 1989).
2. Tratamiento en poblaciones especiales
a. Pacientes de edad superior a 65 años
En este grupo de edad hay que resaltar algunas
cuestiones:
El proceso de envejecimiento se acompaña de cambios en
las características farmacocinéticas (alteraciones en la absorción,
distribución, metabolismo y excreción) de cualquier fármaco (Vestal y Cussek,
1990). Los cambios clínicamente más significativos, aunque hay una gran
variabilidad individual (Furlanut, 1990; Moltke, 1993), ocurren en el hígado,
donde la metabolización hepática está disminuida por reducción de la irrigación
sanguínea y la actividad enzimática, y en el riñón en el que hay una disminución
del filtrado glomerular. Estos cambios suponen alcanzar un mayor nivel
plasmático y una mayor vida media, en este subgrupo de pacientes, con dosis
menores de las empleadas en grupos más jóvenes.
La presencia o aparición de frecuentes alteraciones
físicas pueden generar por sí mismas o por la disfunción que producen
sintomatología depresiva. En la mayoría de ocasiones estas alteraciones precisan
de tratamiento farmacológico. La existencia de este tratamiento supone la
posibilidad depresógena del mismo y la aparición de posibles interacciones con
el tratamiento antidepresivo. El añadir un nuevo fármaco puede transformar en
tóxica en vez de terapéutica la acción profiláctica de un fármaco (como por
ejemplo añadir un diurético en un paciente tratado con litio).
Por último, los cambios psicosociales que rodean al
envejecimiento (pérdida del cónyuge, aislamiento social...) pueden modificar aún
más los cambios fisiológicos (disminución de la actividad, cambios en los
hábitos dietéticos...) e influir en la cumplimentación incorrecta de las pautas
terapéuticas.
Hay pocos estudios de tratamiento de mantenimiento en
muestras de pacientes con edades superiores a 65 años (Frank, 1994).
En líneas generales, pueden aplicarse todas las
recomendaciones realizadas para el tratamiento prolongado en pacientes con otras
edades. En este subgrupo de pacientes es especialmente importante valorar los
posibles efectos indeseables y tóxicos del fármaco elegido como tratamiento de
mantenimiento, valorando en todos los casos las características farmacocinéticas
en estos pacientes, las posibles interacciones medicamentosas y las dificultades
para cumplir el plan terapéutico.
Cuando en los pacientes mayores de 65 años se mantienen
las mismas dosis y niveles plasmáticos que los recomendables en la fase aguda
del tratamiento, la probabilidad de prevenir futuros episodios (Kragh-Sorensen y
cols., 1976; Reynolds y cols., 1989) es comparable con la que se encuentra entre
pacientes de edad media de vida (Frank y cols., 1990).
b. Pacientes con enfermedades médicas somáticas
La presencia o aparición de una enfermedad somática
durante el tratamiento prolongado de la depresión supone una dificultad y
obliga, en líneas generales, a las siguientes consideraciones: la existencia en
algunas enfermedades de un posible componente depresivo de carácter somatógeno
(en las alteraciones cerebrovasculares por ejemplo -Starkstein y cols., 1990-),
el componente reactivo al diagnóstico de esta enfermedad médica (especialmente
si es de evolución crónica) y al grado de incapacidad que conlleve, la
potencialidad depresógena del tratamiento requerido por la enfermedad médica,
las interacciones farmacológicas y la potenciación de efectos secundarios con el
tratamiento antidepresivo, y el efecto del tratamiento antidepresivo de
mantenimiento sobre la alteración médica (alteraciones de la conducción cardíaca
y fármacos heterocíclicos, por ejemplo).
Según la valoración que se realice de todos estos
componentes puede necesitarse una modificación de la estrategia en el
tratamiento prolongado de la depresión, que puede consistir en una modificación
de dosis, del tipo de fármaco e incluso una retirada de éstos. Se recomienda un
estudio particularizado según la alteración médica concomitante.
2.3. Estrategia en el tratamiento
a. Tipo de fármaco
El mismo antidepresivo o combinación farmacológica con el
que se ha realizado el tratamiento de inicio y de consolidación.
b. Dosis
Continuar con la misma dosis del tratamiento de inicio y
consolidación a no ser que ésta no sea bien tolerada por efectos secundarios. En
este caso puede emplearse la dosis que sea bien tolerada o ensayar otro abordaje
farmacológico.
c. Duración
- Tratamiento de consolidación: Debe realizarse después
de todo episodio depresivo durante 6 meses tras finalizar el tratamiento de
inicio. El paciente debe estar asintomático en el momento de iniciar el
tratamiento de consolidación.
- Tratamiento de mantenimiento (Soler y cols., 1994):
- · 6-12 meses de tratamiento:
- Primer episodio depresivo.
- Segundo episodio depresivo: separado más de 3 años de la finalización del tratamiento de
mantenimiento del primer episodio.
- · 3-5 años de tratamiento:
- Segundo episodio depresivo: separado menos de 3 años de la finalización del tratamiento de
mantenimiento del primer episodio.
- Tercer episodio depresivo: separado más de 3 años de la finalización del tratamiento de
mantenimiento del segundo episodio.
- · Tratamiento indefinido:
- Tercer episodio depresivo:
- Separado más de 3 años de la finalización del
tratamiento de mantenimiento del segundo episodio en pacientes: del sexo
femenino con más de 50 años; con antecedentes de recurrencias no tratadas; con
antecedentes familiares de trastornos afectivos.
- Separado menos de 3 años de la finalización del
tratamiento de mantenimiento del segundo episodio.
- Más de tres episodios depresivos.
- Independientemente del número de episodios si el
paciente tiene más de 65 años y ha sufrido un episodio muy grave puede
proponerse al paciente un tratamiento de 3-5 años o indefinido.
En la literatura no existen trabajos que permitan ningún
tipo de conclusión sobre razones que indiquen la conveniencia de un cambio
farmacológico (a excepción de las relacionadas con la aparición de efectos
indeseables o la presencia de otras alteraciones médicas) ni cómo realizarlo,
sobre la efectividad de combinaciones farmacológicas en general y de
antidepresivos en particular en el tratamiento prolongado de la depresión y
sobre estrategias en caso de fracasar el tratamiento de mantenimiento en
pacientes que cumplen dicho tratamiento.
d. Suspensión
Reducir, como máximo, un cuarto de la dosis cada tres
meses.
e. Control somático
Con una periodicidad mínima aconsejable de una vez al año
se debe realizar: estudio de las tres series del sistema hematológico, pruebas
de funcionalismo hepático y de funcionalismo renal, ECG de forma opcional
(especialmente en tratamientos con antidepresivos heterocíclicos) y pruebas de
función tiroidea en caso de tratamiento con eutimizantes (dos veces en el primer
año de tratamiento).
4. Adhesión al tratamiento
La primera condición para que un plan terapéutico
encaminado a prevenir futuros episodios depresivos pueda tener éxito, consiste
en el cumplimiento de éste por parte del paciente. Para que éste lo pueda
cumplir debe confiar y comprometerse con el plan terapéutico. Esta confianza y
compromiso influyen en el grado de "adhesión" al mismo y esta adhesión determina
de forma muy clara el éxito de éste.
Los factores que delimitan el grado de adhesión al plan
terapéutico (Fawcett, 1995) son: 1) Las características del paciente.
Concretamente, los rasgos de personalidad, su actitud hacia la enfermedad en
general y hacia el tratamiento farmacológico en particular y el soporte social.
2) Las características clínicas del episodio depresivo y la presencia de
comorbilidad. La persistencia de síntomas y la cronicidad, la necesidad de
profilaxis en remisión completa (Lader, 1983) y el abuso de sustancias como el
alcohol, se asocian con una pérdida de adhesión a cualquier plan terapéutico. 3)
El plan terapéutico propiamente dicho. En éste se debe valorar los posibles
efectos secundarios al tratamiento prescrito y la frecuencia de visitas en el
seguimiento. 4) La experiencia clínica del psiquiatra. El psiquiatra debe
valorar todos los factores mencionados y conseguir que el plan terapéutico se
enmarque en una estrecha relación médico-paciente que mantenga y garantice la
adhesión del paciente a dicho plan.
Blackwell (1982) enfatizó que la presencia de efectos
secundarios y la falta de respuesta terapéutica no son las causas más frecuentes
de incumplimiento del tratamiento. No es suficiente con prescribir un fármaco o
una combinación de fármacos de forma precisa. El ámbito desde el que se
prescribe la medicación, las espectativas del paciente ante la enfermedad, el
grado de conocimiento sobre los motivos para instaurar el tratamiento, y sobre
todo, la alianza terapéutica entre el paciente y el psiquiatra son cruciales
para obtener un buen grado de adhesión y éxito con el tratamiento.
La educación, la información y la participación activa
del paciente en el proceso terapéutico pueden ser los pilares fundamentales para
conseguir una correcta alianza terapéutica (Frank y cols., 1995). Desde la
primera visita debe educarse al paciente sobre las características de su
enfermedad y del tratamiento de ésta, suministrándole tanta información como su
situación clínica lo permita. Cuando el paciente mejora se completa la
información inicial. Continuamente se comenta con el paciente lo que se espera
del tratamiento en cuanto a la reducción de síntomas y a la posibilidad de
efectos secundarios. Este grado de información es muy importante para que el
paciente participe de forma activa en el momento de aceptar un tratamiento a
largo plazo. La educación del cónyuge o la familia puede facilitar la adhesión
del paciente al plan terapéutico. En algunos casos, y según el grado de abordaje
que precisen los factores implicados en la adhesión a un plan terapéutico, debe
recurrirse a técnicas más específicas (grupos psicoeducativos de familiares,
terapia de pareja, abordaje cognitivo-conductual...) que las propuestas en este
apartado (Frank y cols., 1995; Paykel, 1995).
5. problemas metodológicos en los estudios del tratamiento de mantenimiento
La mayoría de estudios de profilaxis realizados hasta la
actualidad presentan errores metodológicos que impiden obtener conclusiones
sobre la prevención de recurrencias (Belsher y Costello, 1988; Loonen y
Zwanikken, 1990; Greenhouse y cols., 1991; Frank y cols., 1991; Bisserbe, 1994;
Prien, 1995). Algunos de estos errores son:
- 1. Muestras insuficientemente amplias para permitir
probar hipótesis y mostrar resultados significativos.
- 2. Ausencia de control del número de episodios previos
en los grupos estudiados.
- 3. Ausencia de un grupo control tratado con
placebo.
- 4. Ausencia de un período asintomático de 4 a 6 meses de
duración después de la remisión del episodio índice.
En los estudios en los que no hay un período asintomático
de suficiente duración se puede afirmar la eficacia del fármaco en el episodio
depresivo actual y no necesariamente en la profilaxis de nuevos episodios
(Greenhouse y cols., 1991; Montgomery y cols., 1992). Aunque la distinción entre
recaídas (aparición de síntomas del mismo episodio depresivo) y recurrencias
(aparición de síntomas de un nuevo episodio) no es fácil, debe quedar claramente
definida en los estudios para evitar confundir dos fenómenos completamente
distintos como son la eficacia en el episodio depresivo índice y la profilaxis
de nuevos episodios.
- 5. Suspensión brusca de la medicación.
La sintomatología que puede aparecer como consecuencia de
la brusca suspensión de un fármaco antidepresivo, en especial con los agentes
tricíclicos que pueden originar un síndrome de supresión debido a su vida media
corta y a su acción sobre los receptores muscarínicos, puede confundirse con una
recaída y recurrencia temprana. Algunos autores sugieren que ésto podría
aumentar falsamente el porcentaje de recurrencias tempranas en algunos estudios
(Greenhouse y cols., 1991; Tollefson, 1991; Montgomery y cols.,
1992).
- 6. Duración del estudio un período inferior a dos años.
- 7. Criterios de recurrencia variables en los distintos estudios que hace difícil la comparación de las tasas de recurrencia.
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