|
En 1991, la American Psychiatric Association (A.P.A.),
por decisión de su Asamblea General y de la Junta de Compromisarios, inició el
proceso de elaborar unas directrices prácticas para conocimiento de todos sus
asociados o personas interesadas. Aunque es cierto, que desde su fundación la
APA ha elaborado, por distintas rutas, orientaciones o recomendaciones que
fuesen de utilidad para la práctica psiquiátrica en general, sin embargo, las
"Directrices Prácticas" (D. P.)* poseen unas características especiales: son
documentos sistematizados con un formato normalizado, que presentan estrategias
de atención a los pacientes y que se promulgan para ayudar a los médicos en la
toma de decisiones clínicas. Es importante destacar que, aunque las directrices
pueden aplicarse a distintos fines, su intención y propósitos expresos son
siempre los de ayudar a los psiquiatras en una mejor atención a sus pacientes.
Deben ser, por tanto, estrategias desarrolladas por psiquiatras, para uso de los
psiquiatras en su actividad clínica.
Para aclarar este aspecto, todas las D.P. incluyen entre
otras las siguientes afirmaciones:
* "Esta directriz práctica no pretende ser utilizada ni
servir como norma de atención médica. Las normas de atención médica se
establecen a partir de todos los datos clínicos disponibles en cada caso y
pueden ser modificadas a medida que avanzan los conocimientos científicos y
evoluciona la tecnología. Estos parámetros para la práctica clínica sólo deben
considerarse como orientaciones. Su seguimiento no garantiza un resultado
satisfactorio en todos los casos, ni debe pensarse que incluyen todos los
métodos de atención adecuados o que excluyen otros métodos aceptables para
lograr los mismos resultados. El psiquiatra debe hacer su propio juicio
definitivo acerca de un procedimiento clínico específico o de un plan de
tratamiento tomando en consideración los datos clínicos propios del paciente y
las opciones diagnósticas y terapéuticas de que dispone." (* Practice
Guideline Development Process. American Psychiatric Association. Washington,
U.S.A., 1991.).
Se ha intentado normalizar la metodología de las
Directrices Prácticas, plasmando en ellas ciertos "atributos" deseables de
obligado cumplimiento en todas ellas. Estos atributos se refieren al proceso de
desarrollo, e indican que las D.P. deben: 1) ser desarrolladas por o en
colaboración con las organizaciones médicas; 2) usar metodologías fiables que
integren los hallazgos de investigación pertinentes y la experiencia clínica; 3)
ser lo más exhaustivas y específicas que sea posible; 4) basarse en información
actual; y 5) divulgarse ampliamente. Estas prescripciones han establecido en
esencia la normativa para el desarrollo de las directrices.
Las Directrices Prácticas son desarrolladas por grupos de
trabajo de psiquiatras en activo, así como profesores universitarios o
investigadores, que destinan una parte de su tiempo a la atención clínica de
pacientes. Los componentes de estos grupos de trabajo se seleccionan en función
de sus conocimientos y experiencia en el área de que se trate, su compromiso con
la totalidad del proceso de desarrollo de las directrices y su representatividad
en el campo de la Psiquiatría. Los temas que van a ser motivo de consenso se
eligen atendiendo a los criterios siguientes:
- a) grado de importancia (prevalencia y gravedad)
- b) interés para la práctica de la psiquiatría
- c) información disponible y datos más relevantes
- d) trabajos ya realizados que podrían servir para el
desarrollo de la directriz práctica
- e) área en que una mayor atención y participación del
psiquiatra podría resultar útil.
Todos los miembros del grupo de trabajo saben que pueden
declinar su participación si creen que pueden existir conflictos de interés o
sesgos que impedirían el mantenimiento de la objetividad científica. La APA
aparecerá como "autora" de las Directrices Prácticas y reconocerá la
contribución individual del grupo de trabajo.
La Sociedad Española de Psiquiatría ha iniciado, a partir
del año 1996, una serie de actividades encaminadas a obtener un consenso en
diversas materias de interés para la práctica psiquiátrica. Se han seleccionado
varios temas, siendo uno de ellos, el Tratamiento prolongado de la
depresión, el que ve su luz por primera vez en la presente
edición.
Sobre la base de la Directrices Prácticas de la APA, un
grupo de aproximadamente 25 psiquiatras se reunieron en Carmona (Sevilla) con el
propósito de establecer un consenso respecto a la problemática que se deriva del
tratamiento prolongado de los trastornos depresivos en la práctica clínica. Para
ello, previamente, se realizó una búsqueda bibliográfica extensa sobre el tema y
se catalogaron seis conceptos fundamentales que deberían ser analizados en
profundidad: 1. Epidemiología de los trastornos afectivos y factores de riesgo
de cronificación y recurrencia; 2. Subtipos de depresión susceptibles de
tratamiento prolongado; 3. Principios de los tratamientos farmacológicos en el
tratamiento prolongado de la depresión; 4. Terapias no biológicas; Manejo de los
trastornos depresivos a largo plazo; y 5. Glosario de términos. Cada uno de
estos conceptos fundamentales fue estudiado por el grupo de consenso y
especialmente examinado por un ponente, que es la persona que figura como autor
en los capítulos de la presente obra. Tras las sesiones de debate, cuya duración
fue de casi dos días, se estableció un consenso en cada uno de los distintos
apartados. Ese consenso es el que se ha elaborado en forma de capítulos, y cuyo
contenido presentamos a continuación.
La experiencia la hemos encontrado altamente positiva.
Es, probablemente, la primera ocasión que en la psiquiatría española se
establece un procedimiento como el actual, en el que se expresan en forma de
libro las reflexiones conjuntas que un grupo de profesionales han llevado a cabo
compaginando el conocimiento científico actualizado a través de la bibliografía
con la experiencia clínica fruto de su labor profesional. Este consenso
establecido para el tratamiento prolongado de la depresión constituye un primer
borrador que posteriormente podrá ser revisado y comentado por otros expertos
relacionados con el tema y por cualquier miembro de la SEP que así lo solicite,
con el fin de preparar una publicación final, para ser distribuida y ponerla a
disposición de todos los psiquiatras.
Confiamos que esta iniciativa tenga tan buena acogida
como hasta ahora y promueva nuevos consensos. De cualquier forma, la SEP quiere
agradecer la labor realizada por los participantes en el consenso de Carmona, y
de modo especial a los ponentes, Dres. E. Baca, C. Gastó, J. Vallejo, A. Medina,
J. Bobes y J. Saíz, por la labor de síntesis que han tenido que realizar.
Asimismo, nuestro reconocimiento a SmithKline Beecham por habernos
proporcionado la infraestructura necesaria para la realización de este
trabajo.
|