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10/10/2018

Día Mundial de la Salud Mental, con los jóvenes y contra el estigma

Cada 10 de octubre se celebra este día con el objetivo general de concienciar sobre los problemas relacionados con la salud mental y movilizar esfuerzos para ayudar a mejorarla.

 

Hoy, 10 de octubre, se celebra el Día Mundial de la Salud Mental, una jornada que la Organización Mundial de la Salud quiere dedicar a los jóvenes, un colectivo especialmente vulnerable que se enfrenta diariamente a muchos cambios en plena época de desarrollo. Este hecho, unido a la exposición al alcohol y las drogas, el uso cada vez mayor de las nuevas tecnologías y las redes sociales, etc. puede generar en los adolescentes sentimientos y tensiones difíciles de gestionar e, incluso, generar comportamientos peligrosos, como las prácticas sexuales de riesgo, la conducción temeraria o los trastornos alimentarios.

Los datos de la OMS indican que la mitad de las enfermedades mentales comienzan antes de los 14 años, pero la mayoría de los casos ni se detectan ni, en consecuencia, se tratan, siendo ya el suicidio la segunda causa de muerte entre los 15 y los 29 años. Ante esta situación, la creación de resiliencia mental desde edades tempranas se convierte en fundamental a la hora de prevenir las enfermedades mentales entre los adolescentes y los adultos jóvenes, y para ello padres y educadores deben poder contar con las herramientas adecuadas que les permitan conocer y entender los signos y síntomas precoces que alertan de una enfermedad mental.

 

Acabar con el estigma

La persona diagnosticada de enfermedad mental en general y de trastorno mental grave en particular ha sufrido y sufre el estigma de buena parte de la sociedad, lo que unido a las consecuencias de su patología complican su desarrollo personal. Esta circunstancia ya la pusieron de manifiesto la Sociedad Española de Psiquiatría, la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica y la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental en la Declaración de Oviedo contra el Estigma de 2011, y desde entonces la situación no ha mejorado mucho.

En el documento, las tres entidades consideraban esta estigmatización consecuencia de varios factores que, en conjunto, provocan un aislamiento social inmerecido y perjudicial: un inadecuado tratamiento mediático; el desconocimiento de que se trata de trastornos relacionados con un funcionamiento anormal del cerebro; la evolución, a veces imprevisible; el tabú del suicidio; y, sobre todo, el miedo a la violencia, siempre magnificada.  

Así, la Declaración de Oviedo, todavía vigente en este Día Mundial de la Salud Mental, establece:

Que una sociedad mejor informada, pierde los miedos y reacciona de una forma más solidaria.

Que la peligrosidad y relación con actos violentos de la persona con enfermedad mental no es la norma habitual en su comportamiento y han de considerarse, tal y como son, hechos aislados.

Que la persona con enfermedad mental no tiene ninguna responsabilidad sobre la aparición y evolución de la misma.

Que padecer una enfermedad mental no es sinónimo de incompetencia o incapacidad para desarrollar las tareas básicas de la vida.

Que romper los tabúes de la enfermedad y hacer comprender que cada persona es un enfermo diferente puede ayudar a que se les vea de otra forma desde todos los ámbitos de la sociedad.

Que la persona con enfermedad mental es obviamente como cualquiera otra, pero necesita aún más del cuidado y aceptación del entorno para su mejoría.

Que las capacidades intelectuales de la persona con enfermedad mental no tienen por qué ser menores que las del resto de la población y, por tanto, pueden tener la misma aptitud para enfrentarse a la formación académica.

Que las habilidades y competencias de la persona con enfermedad mental no tienen por qué ser menores que las de la persona sin enfermedad mental y, por tanto, pueden tener la misma capacidad para desarrollar una profesión u oficio.

Que algunas personas con enfermedad mental no pueden desarrollar un trabajo normalizado, pero en la mayoría de estos casos sí lo pueden hacer de forma supervisada y adaptada a su nivel de funcionamiento.

Que las autoridades sanitarias pueden y deben redoblar esfuerzos para la integración de las personas con enfermedad mental como ciudadanos de pleno derecho.

Que se deben erradicar los términos ofensivos, imprecisos, inadecuados que generan confusión, alarma y recelo.

Que los medios de comunicación pueden ayudar a la erradicación del estigma asociado a la enfermedad mental.

 

 

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