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20/05/2019

OBITUARIO. Prof. Antonio Medina León (1946-2019)

 

Las palabras no brotan si las lágrimas no cesan, si el dolor sigue a flor de piel y la emoción te atenaza la garganta. Aún es pronto, muy pronto. Hace solo unas semanas que Antonio nos dejó y dar cuenta de lo que él ha supuesto para sus discípulos y para los compañeros de profesión y amigos me va resultar arduo y doloroso.

Antonio era una persona sencilla, nunca le gustó figurar ni aparentar, por ello quiero que mis palabras solo reflejen la verdad sentida de lo que ha representado una vida compartida en el ámbito profesional y en muchos aspectos personales. 

Antonio Medina ocupaba la dirección del Centro de Diagnóstico Infanto-Juvenil de Sanidad Nacional cuando se creó la Facultad de Medicina en Córdoba, corría el año 1972. Esto le dio la oportunidad de entrar en la enseñanza universitaria como Encargado de la Unidad Docente de Psicología Médica y, de ese modo, lo conocí; primero, como mi profesor, y luego, formando parte de esa Unidad como alumna interna. Desde entonces, casi cuarenta años, he permanecido junto a él, aprendiendo en el día a día, tanto en el campo docente como en el médico.

Aquella primera época, en los que Antonio Medina intentaba afianzar su posición en una naciente Facultad, fue convulsa. Él optó por la enseñanza, que era lo que realmente le llenaba como persona y como profesional, abandonando un futuro cierto, como Director del Centro de Diagnóstico, en pos de uno muy incierto en la Universidad. Su trabajo tenaz le llevó a obtener merecidamente una plaza de Profesor Titular de Psicología Médica en 1986 y, en 1992, la Cátedra, que conseguía con gran esfuerzo por su parte, el de todos los que éramos sus discípulos y algunos de sus compañeros de profesión. Cátedra que anhelábamos y que lo situaba en el lugar que se merecía en el panorama psiquiátrico español. A partir de ese momento, entramos en un remanso de paz y se consolidó un destacado grupo en el que algunos de sus discípulos llegamos a ser profesores titulares, ayudantes, becarios, alumnos colaboradores e internos. En definitiva, logramos constituir una «escuela psicológica», en el concepto más prístino del término, en torno a él, un MAESTRO con mayúsculas. Gracias a ello, alcanzamos prestigio docente e investigador con la publicación de artículos en revistas científicas y de libros de texto, la dirección de Tesinas y Tesis doctorales. Años y años en los que sus discípulos íbamos aprendiendo, formándonos y realizándonos hasta constituirnos en lo que hoy somos.

Los derroteros temporales cambiaron y lo que imaginamos que sería un continuum en nuestro quehacer se convirtió en una guerra que perdimos frente al factor de impacto y los quartiles. Sin embargo, desde nuestro cuarteles de invierno continuamos trabajando por otros caminos; aquellos que casi nadie quería, pero acordes con los que habían sido, en definitiva, muchos de nuestros intereses primigenios como: el estudio de los Trastornos de Personalidad o la relación de la Psiquiatría y el Derecho, a los que Antonio Medina dedicó sus últimos años académicos y de vida.

Antonio Medina era una persona muy inteligente, con una gran capacidad de estudio y trabajo, persistente, amigo de sus amigos y muy afectivo. Pero ante todo, era un ser con una impresionante generosidad para enseñar, para disfrutar cada momento del día porque «nunca se sabe si habrá un mañana» (esto lo repetía a menudo), con ganas de emprender y acometer nuevas empresas de las que pudiéramos beneficiarnos TODOS, como así fue.

Casi cuarenta años junto a él, trabajando codo con codo, me han prestado la oportunidad de conocerlo bien, de conocer sus luces y también sus sombras, que como cualquier persona también tenía. He sido testigo cercano de su ejemplo de superación ante las diferentes enfermedades que desde el 2013 lo han sacudido. Siempre, incluso en esta última que se lo ha llevado dejándonos huérfanos a muchos de nosotros, se ha mostrado y comportado como un caballero, aceptándolo con ánimo y resignación, ayudando a los que estaban peor que él y mirando de frente a la muerte; desafiándola cada día con ese afán que tenía por vivir, por ganar una partida que perdió en su última batalla. Nos ha dado un ejemplo de vida a su familia, sus discípulos, sus compañeros, sus amigos, sus pacientes, y eso ocupará un lugar destacado siempre en nuestros corazones.

Antonio, te queremos y nunca te olvidaremos.

María José Moreno

 

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